Las canas en pelo y barba denotan unos 60 años. Es uno más en la madrileña puerta del Sol. "Lo que está bien en Túnez o en Egipto, está mal acá", se queja. A su lado, una veinteañera desglosa su ironía: "si nos prohiben, es porque nos temen".
Los dos anónimos participantes se refieren a la prohibición de la Junta Electoral a realizar concentraciones del colectivo Movimiento 15-M, que fue desafiada por miles de personas que volvieron a la plaza para ocuparla y reclamar, voz en cuello y en asamblea popular, Democracia real ya, otro de los nombres que tiene la convocatoria que ya se repite en un centenar de ciudades españolas y varias del resto de Europa y de América, hija dilecta de las redes sociales.
Son participantes de una protesta que tomó por asalto el debate electoral rumbo a los comicios municipales y regionales de mañana. Los candidatos no saben qué hacer: algunos los acusan de estar manipulados por sus rivales; y otros dicen comprenderlos y que sus protestas son lógicas. Todos están sorprendidos por la masividad de la convocatoria hecha por fuera de los medios de comunicación.
Ellos, en tanto, aseguran que nadie le dice a nadie qué hacer, si votar o no y por quién, y que sólo los une el rechazo a un sistema político, económico y social agotado, del cual tanto el socialismo del PSOE como la derecha del Partido Popular son corresponsables (por ende, no podrán sacar rédito electoral acusando al otro de nada, y juntan sus siglas en un simbólico PPSOE). Ocupan dos lugares: el político es la queja y el repudio, antes que el de la propuesta proselitista; el físico es la plaza, como sitio público convocante desde tiempos inmemoriales.
Muchas imágenes remiten a las marchas y asambleas populares de la Argentina de 2001 (desafiando el estado de sitio delarruísta) y 2002. Parecen haber copiado algunas consignas: aunque no está escrito en ningún cartel, el "que se vayan todos" flota en el ambiente. La búsqueda argentina se frustró por el copamiento que hicieron algunos grupos de los debates. El tiempo dirá cuál es el destino de una construcción horizontal a la española.